jueves, 12 de febrero de 2026
Las palmeras salvajes
viernes, 27 de diciembre de 2024
Pero quizás se quedaría Francia
He abierto la ventana de mi habitación esta mañana porque me gusta todo lo que aumenta el desconcierto. Como era muy pronto, he ido a la cafetería. Mientras leía, Aura se ha acercado con su pelo alborotado y me ha dicho que siempre tengo aspecto de ser una persona muy pendiente de saber si está lloviendo en Roma. Después ha entrado un hombre con un galgo delgado y negro que parecía mantener un hondo equilibrio en la fatalidad. Como se ha sentado en la mesa de al lado, me ha saludado y me ha dicho que hace unos años se encontraron unos papeles con los registros de un sismógrafo de Santiago de Chile, y que en esos registros sísmicos se aprecia la hora exacta en la que dos cazas bombardearon la residencia presidencial de Allende. «Y luego silencio, un ruido sísmico inferior a cualquier otro día: el toque de queda. Los sismógrafos también captan los terremotos sociales». Como no sabía qué responder, le he dicho que abrir una ventana siempre genera algún tipo de expectativa, sobre todo en los que miran desde abajo; entonces, me he levantado y he ido al lavabo para hacer tiempo mientras en la calle empezaba a haber movimiento y pitidos de coches, como en una secuencia de Godard. Aunque al volver, el hombre con la escala de Richter bajo el brazo seguía allí. Ha sido entonces cuando le he explicado que un día, en Albi, conocí a una chica que tenía un pelo negro y largo que le caía sobre un ojo, sobre un hombro, y era experta en el conocimiento de tres ciudades fronterizas. No sé bien por qué he pensado en aquello ni por qué se lo he contado a ese desconocido, pero le he dicho que era evidente que la cara de aquella mujer era triste: era una cara de la Francia de Vichy. Cuando el experto en temblores y su galgo negro se han ido, he estado leyendo Despachos de guerra, de Michael Herr, que son las crónicas que escribió durante la guerra de Vietnam. Como me interesa todo sobre Vietnam, incluso cuando era una colonia francesa que formaba parte de Indochina y Saigón era conocida como el París de Asia, he recordado a André Malraux cuando escribía sobre la imposibilidad de conservar aquel territorio: «Lo único que podemos salvaguardar es algo parecido a un imperio cultural. No quedarían muchos franceses en aquellas tierras, pero quizás se quedaría Francia».
domingo, 27 de agosto de 2023
Con todas la ausencia de amor es diferente II
Cerca de la estación, en el muro que algunos saltan para
acceder al andén, hay escrita una frase de Ribeyro: «El presente me fastidia». Ha
sido esta madrugada cuando me ha llamado por teléfono porque ha visto luz en mi
habitación. Me ha dicho que ha estado pensando en su familia y en su casa de
Praga, y que cuando su madre tenía un episodio de desilusión, empezaba a hablar
en francés, pero un francés diferente. Le he dicho que quizás fuera un francés
de los suburbios, porque cualquier ciudad se encuentra siempre un poco a las
afueras de París. Como estos días he estado con el libro de Giuseppe Scaraffia,
todo lo que me decía de su madre me recordaba lo que he estado leyendo de Nancy
Cunard, la Gioconda de los Años Veinte, seductora en serie. Una mujer que
cuando se cansaba de su pareja desaparecía sin dar explicaciones, porque no se
necesitaban, y de la que Louis Aragon escribió que sólo amaba lo pasajero. Lo
que viene a ser la idea de Francisco Casavella de que hay mujeres que emiten
por instinto las señales justas; en esa circunstancia, «el depredador avisado
se mantiene a distancia, porque intuye que esa carne está ahí para utilizar, no
para ser utilizada». Entonces le he dicho que su madre me parecía una mujer
atrevida, porque lo que mueve el mundo es el desamor. El amor sólo lo
ralentiza. Y de ese pensamiento, el de detener el tiempo en un presente eterno,
no hay salida. Después le he contado que hace unas semanas estuve viendo Le
Mépris, de Godard, una película en la que aparecía Fritz Lang haciendo de Fritz
Lang. Y que Lang sostenía la teoría que Ulises tardó tanto en llegar a Ítaca
porque en realidad no amaba tanto a Penélope como se dice.
jueves, 24 de agosto de 2023
Con todas la ausencia de amor es diferente
Tampoco es para tanto la literatura. Porque haber leído es otra forma de resignación. Creo que hay que reducirlo todo, que la belleza absoluta es la simplicidad. Lo bello es una ventana abierta a las tres de la madrugada y alguien dándole vueltas a una idea: la de decir una frase sencilla: El amor es como el ego, desplaza un poco el centro del universo. Y a la vez pensar que el desamor, que es una figura llena de nobleza porque no admite el engaño, es como un loco en un embarcadero creyendo escuchar una canción, y al preguntarle a Ferdinand si él también la escucha, éste decirle: «Ya sabe que no», aun sabiendo que así ahondará su locura, pero sin poder fingir, porque la locura tampoco admite el engaño, tan solo la perplejidad. Y como desde la ventana veo a lo lejos la estación y los trenes de mercancías, que son los únicos que pasan a estas horas, he pensado en la mujer que esta tarde en el tren, al llegar a Sants, se ha levantado y ha dicho sin emoción que ayer perdió las llaves y murió su padre, saliendo después de inmediato del vagón sin esperar la reacción que merecía; una mujer-conmoción que despierta el mismo efecto que a C. le despertaba el fenómeno Beckett: «Lo sientes en cuanto estás delante de él. No exterioriza, pero sientes que estás ante alguien». Es a esta hora cuando creo que puedo hacer cualquier cosa, ya que por la mañana todo se iguala. Al despertar, toda la gente se parece. Pero a esta hora es posible inclinarse un poco y mirar hacia abajo, y decir una frase sencilla: El amor es una palabra que genera reacciones, químicas e insensatas. Y leer una frase sencilla, de Beckett, un tiempo después: «Van viniendo/ iguales y diferentes/ con todas es igual y diferente/ con todas la ausencia de amor es igual/ con todas la ausencia de amor es diferente».






