viernes, 19 de octubre de 2012

"Quién soy yo" de Bohumil Hrabal




Anoche le pregunté a mi hostelera el camino para llegar a la taberna El Tigre de Oro. Antes de arrugar la frente me dijo que su marido podría ayudarme pero que murió, y que es en momentos como ese cuando más le echaba en falta. Su frente arrugada era un mapa de la ciudad y entonces recordé que Hrabal escribió que mentir era lo que  mejor hacía, inventarse situaciones que no había vivido, y que tal vez escribió sobre El Tigre de Oro aunque esa taberna no existiera, como yo escribo sobre Praga sin haber estado nunca en Praga y sin saber, siquiera, si alguien ha estado alguna vez allí.

I. «Y ya que leo mucho, cito muchas cosas, y ya que cito muchas cosas, olvido su fuente. De hecho soy un ladrón de cadáveres, un profanador de nobles sarcófagos. Ése es mi carácter, y en este campo soy un innovador y un experimentador, no hago más que permanecer al acecho para atisbar mi presa, entre escritores y pintores, muertos o vivos, para luego, como una zorra, barrer con la cola las huellas que conducen al lugar del crimen.»   “Quién soy yo” de Bohumil Hrabal

II. Fue afeitándome delante del espejo cuando descubrí mi nueva identidad checa. Quien veía en el espejo era yo pero no lo era o había dejado de serlo. Sé que el agua de algunas ciudades, al tomarla, o sólo al tocarla, se lleva lo que habías sido por el desagüe. De eso también escribe Hrabal en algunos párrafos de su libro, de los dobles de uno mismoY explica que Goethe vio acercarse una carroza y cuando se cruzó, era su carroza que ya volvía de Italia. Al encontrarse consigo mismo, anotó aquel encuentro insólito.Y mientras me veía en el espejo, me diagnostiqué que padecía de una nueva identidad, y que este hecho insólito también debía anotarlo en mi dietario y así lo hice.

martes, 16 de octubre de 2012

La gran crecida


 
 
Dada la sequía, los libros salieron a buscar ideas aunque en ello les fuera la vida.
 
Nota: Durante la crecida del Sena de 1910


viernes, 5 de octubre de 2012

Historias con Hemingway




Vuelvo a la terraza del Café. Si me atraen es por algo, me digo. No sé el motivo, ni importa. Inventé una profesión a la que me dedico: la de idear nombres para Cafés. Es una labor a la que me aplico con vehemencia. Cada Café tiene su nombre. A veces una chica se sienta en una mesa, justo delante de la mía, y entonces me imagino a Hemingway y pienso en París y en lo que estoy escribiendo y en las mesas con patas metálicas fijadas al suelo y es, en ese momento, cuando surge ese único nombre. Entonces pido otro café mientras la chica se levanta y se acerca a la barra a pagar. Y de ese modo, como Hemingway dejó escrito, sigo escribiendo.

Tengo un tío que es pescador. Pesca desde una roca. Cuando lanza el anzuelo parece que está cazando una mariposa, el gesto es parecido. A mí todos los peces me parecen el mismo, no los distingo. Lo mismo me pasa con muchas personas, no las distingo. Tampoco distingo el aroma que desprende la cocina cuando un pescado está siendo cocinado, parece que todos están condimentados con la misma salsa. El otro día cuando mi tío estaba pescando le dije que me recordaba a Hemingway: “Me recuerdas a Hem”, le dije. Entonces se subió el jersey de cuello alto hasta rozarlo con la barba. “Pescar es algo muy serio. No puedo pescar y escucharte al mismo tiempo. Si no distingues un pez serás incapaz de distinguir nunca a una persona. Si llevaras viniendo cincuenta años aquí, cada noche, a esta roca, sabrías de lo que te estoy hablando”.

«Una chica entró en el café y se sentó sola a una mesa junto a la ventana. Era muy linda, de cara fresca como una moneda recién acuñada si vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave de cutis fresco de lluvia, y el pelo era negro como ala de cuervo y le daba en la mejilla un limpio corte en diagonal. La miré y me turbó y me puso muy caliente. Ojalá pudiera meterla en mi cuento, o meterla en alguna parte, pero se había situado como para vigilar la calle y la puerta, o sea que esperaba a alguien. De modo que seguí escribiendo.»     
Ernest Hemingway, “París era una fiesta”