Si dejo un libro a medias, doblo una esquina por si algún día vuelvo. Hay cosas definitivas, como el vecino que cayó desde el ático y nos dejó a todos mudos. La primera vez que estuve en Arles, empecé a amar una cierta geografía. Me gustan las personas que a Samuel Beckett lo llaman Sam. También me gustan las páginas intermedias de un libro; un perro que te recuerde, como el de Ulises en la Odisea; un árbol; un árbol seco. Se produce un ruido excepcional cuando un vecino cae desde un ático. Es un ruido raro pero inconfundible. Si otro vecino cayera desde un ático, podría decir, sin dudar, que es otro vecino cayendo. Tras el estampido inicial se escucha como un suspiro. Me han dicho que soy esquivo como el ojo de Sartre. Ayer, en el tren, pensé en cosas insignificantes. Ahora pasan unas nubes. Para escribir la serie Autorretrato leo siempre la primera página del libro del mismo nombre de Édouard Levé donde dice que describir con precisión su vida le llevaría más tiempo que vivirla. Esa frase me recuerda el mapa del imperio de Borges, que acaba teniendo el mismo tamaño que el imperio. Si tuviera un perro, lo llamaría Charonte, con acento francés. El 47% de lo que escribo aquí es zozobra. Me interesa todo lo de Aldo Moro; el reactor número 4 de Chernóbil; el origen de las palabras. También todo lo de Olof Palme, el árbol sueco; lo de Mathias Rust aterrizando su avioneta en la Plaza Roja de Moscú; lo de «John Ford, John Ford y John Ford». Hay días que se me pone un nudo en la garganta, como a Isadora Duncan. Estoy escribiendo un Manifiesto sobre el desamor porque el amor es un jaleo. Ahora ya no hace tanto frío pero en mi Stalingrado interior las ruinas no me dejan ver el bosque.
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sábado, 8 de abril de 2023
Autorretrato IV
Publicado por
La baleine qui fume
en
19:51
2 comentarios:
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domingo, 27 de enero de 2013
Las uvas de la ira
-Yo no puedo hacer nada,
sólo cumplo órdenes. Me mandaron a deciros que estáis desahuciados.
-¿Quiere decir que me echan de mi tierra?
-No hay por qué enfadarse conmigo. Yo no tengo
la culpa.
-Pues, ¿quién la tiene?
-Ya sabes que el dueño de la tierra es la
compañía Shawneeland.
-¿Y quién es la compañía Shawneeland?
-No es nadie, es una compañía.
-Pero tienen un presidente. Tendrán a alguien
que sepa para qué sirve un rifle, ¿verdad?
-Pero hijo, ellos no tienen la culpa, el banco
les dice lo que tienen que hacer.
-Muy bien, ¿dónde está el banco?
-En Tulsa, pero no vas a resolver nada. Allí
sólo está el apoderado y el pobre sólo trata de cumplir las órdenes de Nueva
York.
-¿Entonces a quién matamos?
-La verdad, no lo sé, si lo supiera te lo
diría: yo no sé quién es el culpable.
"Las uvas de la ira", John Ford.
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