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sábado, 15 de diciembre de 2012
Rue Greneta, 1954
Lo asomaban un poco a la calle. De esa manera, la sensación del pajarillo era más profunda, más arrolladora; como cuando a un niño le regalan una piruleta y piensa que el mundo debe de ser así: dulce como una fresa gigante.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Martín y boca de tigre
Martín salió de la casa con la intención de internarse en el
bosque. La última vez que lo hizo se
encontró con un perro que le pareció medir tres metros. Desde entonces no
volvió al bosque pensando que Boca de tigre estaría todavía allí, esperándole.
Aunque esta vez no le faltaría decisión. Su enfado con Roncesvalles era
superior al temor, y si el perro estaba y se servía de él para alimentarse lo
daría por bien empleado. Esa sería su venganza: devorado por un perro tras ser descubierto
intentando robar un trozo de queso y, en un segundo acto, condenar a
Roncesvalles a portar, prendido en su pecho, la marca del lacre derretido en
forma de “V” por allí donde se moviera a partir de ese momento.
A medida que caminaba, empezó a presentir que el perro no
estaría allí para su cita. Que no estaría esperándole, agazapado detrás de
algún arbusto, para abalanzarse sobre él y que posiblemente el animal que se le
apareció en el bosque hubiera sido el perro de algún pastor extraviado del rebaño.
Intentando recordar, en demérito del animal, incluso empezó a dudar de la
altura del chucho y su semblante feroz. No podía evitar escuchar las risas de
sus compañeros de tropelías cuando les explicaran la historia: “Martín
engullido por un perro muerde-ovejas”. Una deshonra que ni tres vidas podrían
desinfectar.
viernes, 9 de noviembre de 2012
La estatuilla
El día que Roncesvalles trajo la
estatuilla a casa, Martín se había instalado en el balcón. Había sacado una
silla y desde allí, sentado, observaba como jugaban al balón otros chicos del
barrio. También miraba como las palomas huían cuando la pelota rodaba hacia
ellas. Sobre la mesa, Roncesvalles desenvolvió el paquete y la figura, de tres palmos
de altura, quedó al descubierto. En la plaza los chicos que habían jugado a la
pelota ahora lo hacían a las canicas. Desde el balcón no se veían bien las
bolas pero sí los gestos de alegría y decepción. Roncesvalles canturreaba para
atraer la atención de Martín pero sólo Siracusa, el mastín, alzó un poco la
cabeza para ver que sucedía. La plaza se había quedado vacía. Martín se giró y
miró la estatuilla. Roncesvalles adoptó, de forma cómica, la posición de la
figura. Entonces el chico recordó el gesto que su madre le enseñó antes de
ausentarse: “Así, Martín, siempre podrás reír sin reír.”
martes, 16 de octubre de 2012
La gran crecida
Dada la sequía, los libros salieron a
buscar ideas aunque en ello les fuera la vida.
Nota: Durante la crecida del Sena de 1910
viernes, 14 de septiembre de 2012
Teatro del revés
El otro día le propusieron a un conocido
jugar un partido individual de tenis. Tan individual fue el partido que sólo él
sería el jugador. No había pelotas ni red pero los aplausos eran constantes. Se
enfrentó a sí mismo con resolución mientras pensaba si los periódicos
publicarían la noticia del partido de tenis de salón en la sección de deportes
o en la de teatro. Entretanto escuchaba los consejos de su entrenador:
”Échasela al revés”, y él así lo hacía.
sábado, 25 de agosto de 2012
Le Café 10c la Tasse
Aunque a la señora
Ravenais no le pareció bien, al final tuvo que aceptar: cedió el muro del café
que daba a la rue Puget para que lo empapelaran con publicidad. Gran parte de
los anuncios pertenecían al señor George Dufayel de les magasins Dufayel, un
imperio del mueble. De esa manera, el “Café 10 Céntimos la Taza”, pudo seguir
calentando la mañana, casi la madrugada, a los trabajadores que se dirigían a
Les Halles a descargar los carros que llegaban desde Calais con pescado y
dolores de espalda.
Nota: Mientras escribía este texto he buscado alguna información. El Café 10c la Tasse estaba situado entre la rue Lepic y la rue Puget. Ahora esa esquina es un Häagen-Dazs. Les magasins Dufayel fueron un imperio a principios del siglo XX. Después cayeron en desgracia y su edificio central fue adquirido por Banque National de París (BNP)
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