domingo, 3 de julio de 2016

Las ciudades, tan llenas de situaciones, y ella no es ella.



Dice mi vecina checa que cuando ve a una pareja, se imagina a sus miembros en la cama, desnudos. Que esa es su ficción favorita, y que no lo puede evitar. Cree haberse imaginado así a casi todas las parejas que se encuentra a diario en la estación. Y que aunque eso le produce cierta cercanía, luego es incapaz de mirarlos a la cara cuando se sienta frente a ellos en el metro. También me ha estado contando que se ha apuntado a clases de teatro, y que a veces se inventa los guiones y dice cosas comprometidas, porque mientras interpreta, es ella pero no es ella. Entonces me la he imaginado en el escenario, desnuda, porque a veces me la imagino desnuda, sólo con un pañuelo al cuello, tratando de desconcertar a los otros intérpretes, si ya de por sí no se encontraban desconcertados al verla allí sólo con un pañuelo al cuello recitando a Baudelaire. Ha sido una imagen momentánea, porque luego me ha contado que una de sus compañeras de reparto se había apuntado a las clases para interpretar el orgasmo, y hacerlo utilizando el método: llegar al orgasmo interpretando el orgasmo. Antes de irse a su casa, me ha estado hablando de su familia. De cuando los alemanes entraron en los Sudetes. Y que le pasa un poco como a Herta Müller, que siempre quiso ser capaz de impedir que su abuelo, «incluso a posteriori, se convirtiera en soldado de las SS».

domingo, 27 de marzo de 2016

A unos minutos de Marienbad




También yo quiero atravesar corriendo los pasillos del Louvre. Aunque ahora estoy lejos. No en París, sino en Praga, y siempre que vuelvo a Praga, atravieso corriendo alguno de los puentes sobre el Moldava. Ayer por la tarde, mientras cruzaba a la carrera uno de ellos, vi como unos jóvenes nadaban en el río; todos nadaban crawl; salvo el ahogado, que hacía lo que podía.

En el hotel he estado leyendo Marienbad eléctrico, de Vila-Matas. Porque siempre que viajo me llevo varios libros en la maleta, aunque sólo sea para sentirme un poco más seguro. En el libro he leído una frase de Michel Leiris: «Exponerme cada vez que escribo, el deseo de exponerme en todas las acepciones del término». Y he pensado en eso: en exponerse, y en las veces que me he expuesto; en las veces que me he lanzado a nadar al río Moldava; en las veces que, una vez ya en el agua, he tratado de nadar crawl y he acabado haciendo lo que podía.

Parece ser que en nueve minutos y cuarenta y tres segundos, Arthur, Odile y Franz visitaron a la carrera el museo del Louvre, batiendo el récord de Jimmy Johnson, de San Francisco. 

¿Por qué se escribe? En los hoteles me siento feliz. En este de Praga ya me conocen de otras veces, siempre atravieso corriendo el hall del hotel. A la pregunta no sé responder porque siempre he optado por la renuncia, y renunciar es decir no, pero un no a todo; dejar de hacer, dejar de repetir, pero teniendo en cuenta que «si no se hace, hagámoslo». Puede que escribir sea como beber, y hacerlo constantemente sea como beber constantemente. He leído en Magma, de Lars Iyer, el caso de W., que he asociado de manera automática a la escritura. «W. es un bebedor estable. Lo aprendió de los bebedores polacos, que comienzan lentamente y continúan lentamente durante toda la noche». 
 

sábado, 23 de enero de 2016

No soy poeta, soy de todo un poco



Un día traté de ser poeta. Porque ser poeta es como ir en un caballo y que el nombre de su jinete sea la muerte, como en El jinete pálido. Luego abandoné la idea para ser directamente un jinete, y que el infierno me siguiera.

Habría que distinguir a los poetas de los otros poetas que son el mismo repetido.

Escribe Vila-Matas que lo esencial es la muerte, la poesía y el relato. El resto es literatura, literatura que viaja en vagones de segunda clase. Que sólo la muerte está por encima de la poesía. Y que para estar muerto es preciso, por desgracia, morir.

Yo no soy poeta, soy como todo el mundo.


Uno, al final, descree de la vida, como de la poesía; de los medios y la literatura; así, en general, causando bajas, como en la guerra.

Podéis recitar toda la poesía que salga por vuestra garganta, pero ello no implica nada: ni ser ballenero, ni poeta.

Rendíos, os tengo rodeados.

Escribe Bolaño que cómo puedes decir que eres marxista. Cómo puedes decir que eres poeta, ¿piensas hacer la revolución con refranes?

Mi vecina checa se puso a recitar a Baudelaire; siempre lo hace, sólo con un pañuelo al cuello. Cuando termina, una veces se viste y otras no.

El polemista opina que los poetas son lobos con piel de cordero para los poetas.