viernes, 2 de noviembre de 2012

El hombre del parche en el ojo, bajó por Villarroel




I. Hace unos años estuve cenando en ese local. Ahora ha desaparecido. El entorno es un paisaje cambiante y el paisaje de la Diagonal es un entorno mutable. Magris escribe que el barón von R. «viajaba por el mundo coleccionando panoramas y, cuando lo consideraba necesario para su placer o para crear un hermoso mirador, hacía talar árboles, desnudar ramas, aplanar las redondeces del terreno… abatir bosques enteros o demoler alquerías, si obstaculizaban la vista». Añade el triestino que la destrucción es una arquitectura, un arte de descomponer y recomponer, es decir, una manera de crear otro orden: «cuando una pared de hojarasca caía de repente, despejando las vistas sobre las ruinas de un castillo lejano a la luz del crepúsculo, el barón von R. se detenía algunos minutos para contemplar el espectáculo que él mismo había escenificado y luego se iba apresuradamente, para no regresar nunca más.»
Anoche, cuando caminaba por la Diagonal, volví a ver el local en el que años atrás había cenado. Ahora sus cristaleras abandonadas estaban cubiertas de papel de estraza. Durante unos minutos me paré a contemplar el espectáculo y, seguidamente, me apresuré a abandonar ese lugar al que no regresaré nunca más.


II. «De entre nosotros era el único que aún "seguía el mar". Lo peor que de él podía decirse era que no representaba a su clase. Era un marino, pero también un vagabundo, mientras que la mayoría de los marinos llevan, por así decirlo, una vida sedentaria. Sus espíritus permanecen en casa y puede decirse que su hogar —el barco— va siempre con ellos; así como su país, el mar.»    Joseph Conrad, “El corazón de las tinieblas”


III.  …para desaparecer también en ella. Seguí remontando la Diagonal. Al pasar por delante de un restaurante especializado en aves, uno de los camareros, con una vara, dirigía hacia el local a un pequeño rebaño de ocas. Desde fuera pude ver que el restaurante tenía un aire al París de los años veinte. Un cliente que salía, y que tenía un cierto parecido a Joyce, me dijo:” El Sena nace y desemboca en París. Así continuamente”. Tal vez el Joyce que abandonó el restaurante y bajó por Villarroel tuviera razón: transitar como el agua de un río; y nacer en París y desembocar allí mismo y como en “Finnegans Wake”, del mismo Joyce que hacía un momento había abandonado el restaurante y bajado por Villarroel, llegar a la última frase del párrafo y conectarla con la primera. El Sena es el único río que nace y discurre por una ciudad...

1 comentario:

Anita Noire dijo...

Paseando por la Diagonal, frente a la puerta del antiguo "Boliche", sentí un pálpito extraño. Puede que fuera la gran cantidad de foie ingerida durante la cena, o quizá fuera que por un segundo, pensé que me había poseído el espíritu de la Dietrich.
En la Diagonal, a esas horas de la noche, ocurren cosas muy extrañas. Ya lo dijo Vila-Matas, esta ciudad muta y nos mata.