domingo, 10 de marzo de 2013

Un día de perros en las aceras




I. Son los sábados los que son subversivos. Se dejan atrás los cinco días de alienación y la concentración se centra en la vida y no en el trabajo. Los sábados son peligrosos. En cambio los domingos por la tarde se vuelven fangosos, como un reloj de arena al que se le ha añadido agua, o los restos del caldo de pollo.

II. He salido a pasear. La gente pasea los domingos. Los perros son menos complejos. Para ellos sólo hay dos tipos de días: el resto de días y los domingos. Es esa simplificación lo que les da la tranquilidad. Los domingos les llegan. Y sólo cuando llega el domingo saben que ese es el momento en el que salen a pasear sin prisas, sin el horario definido de tres micciones al día.

III. Cerca de la plaza de la estación he visto a un hombre. Flaco, desgarbado, y con un violín bajo el brazo. He escuchado que decía que dormía dos horas al día y que por las noches era cuando hacía las cosas más útiles. Entonces he pensado en lo que escribió Kafka y lo importante que son las noches para el hombre flaco, y que seguramente, y «desde que una vez le cortaron la luz eléctrica, debe de llevar una vela consigo» y una cerilla y un platito donde clavarla.

2 comentarios:

Anita Noire dijo...

Me encanta, el platito, la cerilla y esos pechos maravillosos que para una los quisiera :)

Louis Charpentier dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.